En un giro estratégico en la cooperación militar bilateral, el Gobierno de los Estados Unidos ha iniciado los preparativos para trasladar un número indeterminado de drones espías MQ-9 Reaper desde bases militares en África hacia territorio de Colombia y Ecuador. El movimiento logístico, revelado inicialmente por The New York Times, tiene como propósito fundamental robustecer las labores de inteligencia y vigilancia aérea para asfixiar las rutas marítimas y terrestres controladas por los carteles de la droga.
Los MQ-9 Reaper, aeronaves no tripuladas de alta autonomía tecnológica, permitirán un monitoreo en tiempo real y en alta resolución de las selvas del Pacífico y de las fronteras compartidas, zonas complejas donde la interceptación tradicional resulta difícil para la Fuerza Pública. Aunque las naves se operan de manera conjunta para tareas de interdicción y rastreo geográfico, las autoridades estadounidenses aclararon que las misiones se concentrarán estrictamente en la detección de laboratorios de procesamiento de cocaína y el seguimiento de lanchas rápidas (“go-fast”).
La decisión llega en un momento de tensión geopolítica y debate sobre la política antidrogas del país, luego de que la Casa Blanca mantuviera la descertificación en materia de lucha contra estupefacientes. No obstante, el redespliegue de estos sistemas de defensa aérea demuestra que, en el plano de la cooperación técnica militar, la alianza entre Washington y el Palacio de Nariño sigue firme bajo los nuevos enfoques de seguridad nacional e inteligencia electrónica.








